-->
Mientras más se acercaba la noche, mas iba aumentando la mezcla entre ansiedad y excitación que sentía. Al esconderse el sol, la luna tardo en salir de entre las nubes, para cuando apareció ya era pasada la media noche, pero se dejo ver redonda y brillante; su luz cubrió por completo su cuerpo. Sentía su sangre hirviendo y recorriendo cada centímetro de su cuerpo aún humano. Al mismo tiempo, sus ojos se inundaban con los intensos rayos de luz de luna, y lo cegaban momentáneamente. Sus manos se retorcieron debido al escalofrío que recorrió todo su cuerpo, no se sentía muy diferente pero, al regresarle la vista, pudo ver como sus manos y pies se hacían mas robustos y se llenaban de un vello espeso, su abdomen se contrajo y su pecho se ensanchó. El peso de su cuerpo era tal que no se aguantó con sus patas traseras y cayó sobre sus extremidades delanteras que hacía un minuto eran brazos. Perdía el conocimiento por momentos, a causa del dolor.
Un escozor en sus mejillas le hizo percatarse que su boca ya no era la misma, podía ver como se alargaba y se convertía en un hocico sediento de sangre. Sus ojos estaban completamente dilatados y agudizados, veía en la noche con la claridad con la que veía en el día.
Un rayo en su mente lo paralizó un segundo, seguido a esto unos pensamientos siniestros se apoderaron de su cabeza, tenía hambre, demasiada hambre.
Pronto su mejorado olfato detectó una presa, un caballo que despedía una peste a miedo, nerviosismo y ansiedad; relinchaba, saltaba e intentaba escapar del lugar, estaba atado al tronco de un árbol cercano a él. La bestia se acercó y lo olisqueo, pero algo lo empujaba a correr, una energía bullía en su pecho, debía sacarla o explotaría. Su mente, mitad humana mitad animal, obligaba a su nariz a buscar otra fuente de alimento. No tardó en percibir a otra posible presa.
Un ciervo se despertó, al escuchar el alboroto causado por el caballo. Y sin saber que era lo que causaba aquel escándalo salió corriendo y tras él, una bestia que dejaba un rastro de saliva a cada paso. Por lo menos medía 2 metros y medio de la punta del hocico al inicio de la cola, su velocidad era impresionante, con cada zancada recorría diez metros, ninguna criatura de ese bosque podía superarlo. De un salto aterrizó sobre la espalda del ciervo, que cayó por el impulso y la mordida que había recibido en el cuello.
La vida le abandonaba, se le escapaba con cada borbotón de sangre, que brotaba de la profunda herida provocada por las fauces de ese demonio. Una oscuridad avanzaba en sus ojos, todo se tornaba negro, más negro que las noches sin luna. El dolor finalmente desaparecía.
Al terminar con su presa el hombre-lobo se dirigió a un río cercano donde sació su sed y, agotado por la ajetreada noche, se tendió bajo un gran árbol donde se quedo dormido.
Una gran confusión y un dolor de cabeza, lo aturdieron al despertarse. Estaba desnudo y cubierto en sangre. No sabía donde estaba ni como había llegado a ese lugar. Se bañó en el río, temiendo que alguien lo viera en ese estado, y después fue en busca de su caballo para regresar al pueblo. Su mente estaba en blanco y lo único que recordaba era la luna llena.
Jaja... Menos mal no se comió a su caballito! =)
ResponderEliminarMe gusta mucho la forma que escribis, tan detallada, es casí como si te pudieras imaginar las escenas en tu mente.
q bueno q me decís eso, los demás me dicen está bueno o me gustó, y está bien, pero necesito saber si es una buena narración!!! jajaja
ResponderEliminar