Intento expresar el sentimiento de desesperación, ansiedad e impotencia que siento por cada víctima de la violencia, cada día leo en el periódico de nuevos asesinatos y ¿en dónde quedan las caminatas por ellos? ¿en dónde quedan las velas en la "Plaza de la Constitución" para ellos?
Ese tipo de cosas que deberíamos haber hecho cuando empezaron todas las muerte violentas hace años, las venimos a hacer ahora cuando matan a Cabral, ya cuando la cuenta va por cientos de miles, si no es que millones, de asesinados, torturados, desmembrados, etc.
Entonces si matan a 16 personas diarias da igual, pero que no maten a Rossenberg, a Cabral, a Oliverio y que se yo que otras personalidades, porque entonces si nos hacemos oír (aunque sea por un par de días).
¿Cómo llegó el pueblo guatemalteco a ser tan conforme con la inseguridad y la violencia? Hasta tal punto de tomarla como el pan de cada día. Tenemos que sensibilizarnos y entender que una muerte de forma violenta no es algo normal, es algo inhumano, es algo que tenemos que rechazar desde lo más profundo de nuestro ser, es algo que nos tiene que dar asco, que nos tiene invitar a vomitar, pues es repulsivo, vergonzoso, bajo, vil, ruin, y un infinito etcétera.
Como guatemalteco me siento decepcionado, no tengo palabras para expresar el dolor y la tristeza que invaden mi alma.
De algo estoy seguro:
La Tierra perdió a un mensajero de amor y de paz, pero el Cielo ganó un Ángel más para su Coro.
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