lunes, 18 de julio de 2011

Viaje Etéreo

Aunque mi cuerpo sea prisionero
en una caja de madera bajo dos metros de tierra,
mi alma es libre al fin.
Soy parte del todo,
y el todo es parte de mi.
Las leyes de la física
no supondrán más una barrera insuperable.
Tocaré las estrellas sin miedo a quemarme,
veré espectáculos de nebulosas
con las que solo he soñado.
Moriré y renaceré millones de veces,
producto del éxtasis de conocer las maravillas del universo
que ni siquiera he conseguido imaginar.
Viajaré a planetas remotos,
encontraré civilizaciones más avanzadas que la humana,
civilizaciones recién creadas
y mundos donde los seres inteligentes prefieren ser nómadas
pues entienden que así están en balance con su entorno.
Observaré animales con forma de plantas
y plantas con forma de animales,
hongos del tamaño de árboles,
bosques de algas en atmósferas de vapor de agua,
ácaros gigantes nadando en ríos de lava.
Los extraterrestres dejarán de ser extraños
y los extraños serán los humanos.
Caminaré hacia donde me lleven los caminos,
de tierra o de pasto;
nadaré por aguas dulces o saladas,
plácidas o vertiginosas;
y volaré donde me lleven los vientos de la inmensidad,
huracanados o dóciles.
Nada importará,
solo el saber y el querer saber.
Entenderé situaciones
que nunca me han sido planteadas.
Tendré todo el tiempo,
puesto que el alma muere y renace,
cual ave Fénix.
Y al sentirme satisfecho con tanto alimento de sabiduría,
veré más maravillas
en el lugar donde llegan las almas bien nutridas:
El Paraiso.
Y allí conoceré al Creador,
que me asignará una nueva tarea,
como ángel de la guarda,
de nuevo como humano
o como ayudante en su Reino,
Él lo decidirá
y yo seré feliz con su decisión.

Xavi

domingo, 10 de julio de 2011

Indignación y Facundo

Intento expresar el sentimiento de desesperación, ansiedad e impotencia que siento por cada víctima de la violencia, cada día leo en el periódico de nuevos asesinatos y ¿en dónde quedan las caminatas por ellos? ¿en dónde quedan las velas en la "Plaza de la Constitución" para ellos?
Ese tipo de cosas que deberíamos haber hecho cuando empezaron todas las muerte violentas hace años, las venimos a hacer ahora cuando matan a Cabral, ya cuando la cuenta va por cientos de miles, si no es que millones, de asesinados, torturados, desmembrados, etc.

Entonces si matan a 16 personas diarias da igual, pero que no maten a Rossenberg, a Cabral, a Oliverio y que se yo que otras personalidades, porque entonces si nos hacemos oír (aunque sea por un par de días).

¿Cómo llegó el pueblo guatemalteco a ser tan conforme con la inseguridad y la violencia? Hasta tal punto de tomarla como el pan de cada día. Tenemos que sensibilizarnos y entender que una muerte de forma violenta no es algo normal, es algo inhumano, es algo que tenemos que rechazar desde lo más profundo de nuestro ser, es algo que nos tiene que dar asco, que nos tiene invitar a vomitar, pues es repulsivo, vergonzoso, bajo, vil, ruin, y un infinito etcétera.
Como guatemalteco me siento decepcionado, no tengo palabras para expresar el dolor y la tristeza que invaden mi alma.

De algo estoy seguro:
      La Tierra perdió a un mensajero de amor y de paz, pero el Cielo ganó un Ángel más para su Coro.

sábado, 9 de julio de 2011

Facundo

Al Pueblo de Guatemala, Al Pueblo Argentino y al mundo:

"Y que no te confundan unos pocos homicidas y suicidas, el bien es mayoría pero no se nota porque es silencioso. Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que le destruya hay millones de caricias que alimentan a la vida" - Facundo Cabral.
A veces cuesta tanto creerlo, sobre todo en países como este, pero hay que tener esperanza. Y junto con la esperanza hay que exigir, si nos quedamos callados hacemos el mismo, o incluso más, daño que los malhechores. Con nuestras acciones se puede lograr el cambio tan necesario en estos tiempos. Hay que acordarse que no es tanto lo que hace el malo, sino lo que dejamos de hacer los buenos.

Siento vergüenza, no porque fue en mi país el asesinato de Cabral, sino porque necesitamos que maten a alguien famoso para darnos cuenta de lo mal que está la situación y levantar la voz. Es cierto, es una persona que le cantaba a la paz y al amor, y no es justa su muerte, pero ¡¿qué pasa con las demás personas que son asesinadas en Guatemala?! Son en promedio 16 asesinatos en Guatemala, ¿dónde están los otros 15?, ¿por qué Guatemala no los llora?, ¿por qué no grita por ellos?, ¿por qué no clama justicia por ellos?
Si fuera un familiar nuestro pediríamos justicia, pues tengo que recordar algo, todos somos hermanos. No importa si es un gran cantautor argentino, si es un chófer de camioneta, si es un campesino en la granja de un narco o si es un candidato a alcalde de San José Pinula. Ellos son nuestros hermanos, la justicia debería ser igual para todos, los gritos deberían ser igual para todos, la indignación debería ser igual para todos.

Aún nos falta mucho por aprender, en primer lugar a amarnos unos a otros de igual forma, además de aceptar las diferencias que nos dan nuestra propia esencia.
Quisiera que cambiara la situación en Guatemala, pero como dije alguna vez en el pasado: "Si logro cambiar yo, sé que ya he dado un gran salto."

Con esta frase me despido:
"No perdiste a nadie, el que murió, simplemente se nos adelantó, porque para allá vamos todos. Además lo mejor de él, el amor, sigue en tu corazón." - Facundo Cabral

sábado, 2 de julio de 2011

Hombre Lobo


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Mientras más se acercaba la noche, mas iba aumentando la mezcla entre ansiedad y excitación que sentía. Al esconderse el sol, la luna tardo en salir de entre las nubes, para cuando apareció ya era pasada la media noche, pero se dejo ver redonda y brillante; su luz cubrió por completo su cuerpo. Sentía su sangre hirviendo y recorriendo cada centímetro de su cuerpo aún humano. Al mismo tiempo, sus ojos se inundaban con los intensos rayos de luz de luna, y lo cegaban momentáneamente. Sus manos se retorcieron debido al escalofrío que recorrió todo su cuerpo, no se sentía muy diferente pero, al regresarle la vista, pudo ver como sus manos y pies se hacían mas robustos y se llenaban de un vello espeso, su abdomen se contrajo y su pecho se ensanchó. El peso de su cuerpo era tal que no se aguantó con sus patas traseras y cayó sobre sus extremidades delanteras que hacía un minuto eran brazos. Perdía el conocimiento por momentos, a causa del dolor.
Un escozor en sus mejillas le hizo percatarse que su boca ya no era la misma, podía ver como se alargaba y se convertía en un hocico sediento de sangre. Sus ojos estaban completamente dilatados y agudizados, veía en la noche con la claridad con la que veía en el día.
Un rayo en su mente lo paralizó un segundo, seguido a esto unos pensamientos siniestros se apoderaron de su cabeza, tenía hambre, demasiada hambre.

Pronto su mejorado olfato detectó una presa, un caballo que despedía una peste a miedo, nerviosismo y ansiedad; relinchaba, saltaba e intentaba escapar del lugar, estaba atado al tronco de un árbol cercano a él. La bestia se acercó y lo olisqueo, pero algo lo empujaba a correr, una energía bullía en su pecho, debía sacarla o explotaría. Su mente, mitad humana mitad animal, obligaba a su nariz a buscar otra fuente de alimento. No tardó en percibir a otra posible presa.
Un ciervo se despertó, al escuchar el alboroto causado por el caballo. Y sin saber que era lo que causaba aquel escándalo salió corriendo y tras él, una bestia que dejaba un rastro de saliva a cada paso. Por lo menos medía 2 metros y medio de la punta del hocico al inicio de la cola, su velocidad era impresionante, con cada zancada recorría diez metros, ninguna criatura de ese bosque podía superarlo. De un salto aterrizó sobre la espalda del ciervo, que cayó por el impulso y la mordida que había recibido en el cuello.
La vida le abandonaba, se le escapaba con cada borbotón de sangre, que brotaba de la profunda herida provocada por las fauces de ese demonio. Una oscuridad avanzaba en sus ojos, todo se tornaba negro, más negro que las noches sin luna. El dolor finalmente desaparecía.

Al terminar con su presa el hombre-lobo se dirigió a un río cercano donde sació su sed y, agotado por la ajetreada noche, se tendió bajo un gran árbol donde se quedo dormido.

Una gran confusión y un dolor de cabeza, lo aturdieron al despertarse. Estaba desnudo y cubierto en sangre. No sabía donde estaba ni como había llegado a ese lugar. Se bañó en el río, temiendo que alguien lo viera en ese estado, y después fue en busca de su caballo para regresar al pueblo. Su mente estaba en blanco y lo único que recordaba era la luna llena.